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viernes, 19 de diciembre de 2008

Por qué somos como somos


Propone Eduardo Punset, en su último libro, “Por qué somos como somos”, que la felicidad es la ausencia de miedo y la belleza es la ausencia de dolor, esto que a primera vista suena un tanto desconcertante, lo basa , en que una condición indispensable para ser feliz es la seguridad, los humanos y los animales reaccionamos igual ante el dolor, pero los humanos tenemos una cosa que los animales no tienen: la imaginación; nos basta con imaginar una amenaza para estresarnos; no nos hace falta ver a la leona que se nos puede comer; nos sobra con pensar que no podemos pagar la hipoteca. La felicidad reside pues totalmente en el cerebro, según él. Yo estoy más de acuerdo con John Eccles, y creo que hay que dejar espacio para el dualismo cartesiano, es decir la separación entre el cuerpo y la mente. Pero ¡para gustos los colores! Y las personas diferentes tienen perspectivas filosóficas diferentes… misterios del cerebro.


En cuanto a que la belleza es ausencia de dolor, me niego a simplificar todo en que los hombres buscan solo en la mujer, indicadores de fertilidad y la mujer en el hombre un buen sistema inmunológico, como afirma él. Radicalizar la belleza y el amor en mera biología, hormonas y feromonas, creo que es únicamente una distracción científica, que pasa por alto los sentimientos y la cultura humanos. Si esto fuera cierto el patrón de belleza sería universal, pues los componentes biológicos así lo son, la belleza tiene un importante componente cultural. La belleza sin sentimiento, tal como la describe, solo sería aceptable para las matemáticas. La perfección musical en una sinfonía de Mozart puede parecernos bella, pero lo que de verdad nos va a emocionar no es eso, sino lo que sintamos al oírla. ¿O es que hay algo más hermoso que un niño sonriendo, por muy feo que este sea?


Volviendo a John Eccles, este dijo: “El materialismo carece de base científica, y los científicos que lo defienden están, en realidad, creyendo en una superstición. Lleva a negar la libertad y los valores morales, pues la conducta sería el resultado de los estímulos materiales. Niega el amor, que acaba siendo reducido a instinto sexual: por eso, Popper ha dicho que Freud ha sido uno de los personajes que más daño han hecho a la humanidad en el último siglo. Los sentimientos, las emociones, la percepción de la belleza, la creatividad, el amor, la amistad, los valores morales, los pensamientos, las intenciones... Todo «nuestro mundo», en definitiva. Y todo ello se relaciona con la voluntad; es aquí donde cae por su base el materialismo, pues no explica el hecho de que yo quiera hacer algo y lo haga. El materialismo, si se lleva a sus consecuencias, niega las experiencias más importantes de la vida humana: «nuestro mundo» personal sería imposible".


En general el libro es aceptable, pero muy simplista, tiende a unificar todo lo relacionado con el ser humano y su mundo, con su cerebro, yo esperaba algo más.