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lunes, 27 de abril de 2009

La Muerte ¿Es progreso?

Estoy leyendo, en ratos libres, un libro realmente impactante. Se titula ‘Seducidos por la muerte’, ha sido editado por Planeta y lo ha escrito el doctor Herbert Hendin, consejero delegado y director médico de Suicide Prevention International y catedrático de Psiquiatría en el New York Medical College.

Hendin es un experto mundial en prevención del suicidio y ha viajado a Holanda para comprobar ‘in situ’ cuál es el resultado de la aplicación de la ley permisiva con la eutanasia y el suicidio asistido. Ha entrevistado a médicos, pacientes y enfermeros. Ha estudiado a fondo los datos oficiales sobre muerte terminal. Y ha extraído sus conclusiones.

Pues bien. Sus análisis e informes han sido utilizados por el Tribunal Supremo norteamericano para declarar que no existe el derecho constitucional al suicidio asistido.

Estas son algunas de las ideas que he sacado del libro:

  • [Tras su visita a Holanda] “La aceptación de la eutanasia ha llevado a que se descuide el desarrollo de los cuidados paliativos. La eutanasia, que se había propuesto como solución necesaria para unos pocos casos extremos, se ha convertido en una manera casi rutinaria de tratar la ansiedad, la depresión y el dolor en pacientes graves o terminales”.
  • “Lo que he visto en Holanda y Estados Unidos me ha convencido de que hay que evitar la legalización de la eutanasia porque los cuidados paliativos se descuidarían y empeorarían”.
  • “Es imposible regular la eutanasia. Saqué esta conclusión de los informes del gobierno holandés, de hablar con los investigadores que los hicieron, y de los casos que me presentaron. El hecho de que el reconocimiento legal crea un clima cultural que favorece la desobediencia a cualquier normativa es algo que queda bien reflejado en que el 25 por ciento de los médicos reconocen haber dado medicinas para acortar la vida sin el consentimiento de los pacientes”.
  • “Pocos médicos saben que es posible eliminar todos los dolores con cuidados paliativos adecuados, si se incluye la sedación en los casos necesarios. Cuando se dan cuenta de esto, la mayoría de los médicos prefieren esos métodos”.
  • “Los defensores de la eutanasia han exagerado el número de médicos que la practican, y dicen que hay que legalizarla para así poder regularla. El argumento no parece muy convincente: ¿hay que cambiar la ley simplemente porque no se respeta?, y ¿qué nos hace pensar que los que ahora no cumplen la ley después van a respetar las normas que entonces se propongan? La experiencia de Holanda nos indica más bien que la legalización crea un clima favorable a la desobediencia a las normas”.
  • “Tenía curiosidad por saber cómo reaccionaría Eugene Sutorius [célebre abogado defensor de médicos en casos de eutanasia] al decirle que miles de pacientes lúcidos y no lúcidos eran llevados a la muerte sin su consentimiento. Cuando se lo comenté me dijo que había momentos en los que los médicos sentían que tenían que actuar porque los pacientes o las familias no podían hacerlo. Sabía de un caso en que un doctor había puesto fin a la vida de una monja unos días antes de que hubiera fallecido por muerte natural porque tenía muchos dolores y el médico sabía que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la eutanasia. Sutorius no encontró ningún argumento, sin embargo, cuando le pregunté por qué no se le había permitido a la monja morir de la forma en que quería”.


Es increíble esto... ¿Y cómo este tipo de investigaciones y estudios no aparecen nunca en la prensa?. Pues.. muy sencillo. Estas informaciones no salen en la prensa porque hay una intensa campaña en favor de legalizar la eutanasia. Ello exige presentarla como una demanda social extendida, para lo cual se muestran como si fueran habituales casos excepcionales y numéricamente irrelevantes. En paralelo, es imprescindible ocultar cualquier dato que contradiga lo opinión que nos quieren imponer. En España se lleva haciendo así habitualmente desde hace 30 años en muchos asuntos: divorcio exprés, aborto, eutanasia, educación, enfoque de género, pacifismo, energía nuclear...


martes, 2 de diciembre de 2008

Eduardo Verástegui se une a Derechoavivir.org

Reconozco que por principios soy un utópico, que muy a menudo me dejo llevar por mi desmesurado perfeccionismo, y que realmente tengo una excesiva fe en el ser humano. Por desgracia para mi obcecado optimismo, no es así. Pero yo erre que erre, no pierdo la esperanza, y busco un pretexto que exculpe al ser humano y eche la culpa al empedrado, y me pregunto: ¿No será que estamos bombardeados de medios de comunicación y mensajes, que únicamente buscan el beneficio material, y desprecian cualquier valor moral y ético? ¡Si!, nos faltan mensajes como este, y nos sobran “Grandes Hermanos y Operaciones Triunfo” que anestesian los valores éticos, adormecen nuestra conciencia social y anulan los instintos generosos privativos del ser humano.





Eduardo Verástegui, actor y productor de la película "Bella".


domingo, 30 de noviembre de 2008

Soy tonto

La verdad, es que algún síntoma ya había notado, pero si además me lo dice gente importante, con estudios y cargos pomposos, pues habrá que darle la razón, ¿no?

"Yo tengo la sensibilidad para apreciar la estética de los toros, pero vaya usted a los tontos a demostrarles eso"


Enrique Múuuuugica
Defensor del Pueblo, Taurino y Sensible.

(por cierto, ¿a que pueblo dices que defiende?



martes, 15 de abril de 2008

El Altruismo y Darwin

De cuando en cuando el nombre de Darwin vuelve a ser noticia en los diarios. Los culpables son algunos individuos que han sobrevivido con mentalidad dieciochesca, como eslabones perdidos de algún capítulo de La Comedia Humana. Nuestros tristes reaccionarios se dan en Europa y en otras latitudes, confunden al vulgo y escandalizan a los hombres de ciencia de buena fe. Aunque el escándalo no lo causan por discutir el modelo darwiniano, ni mucho menos.

Como toda genuina contribución científica, la teoría de la evolución por medio de la selección natural se encuentra bajo constante crítica científica. Se ha pasado así del darwinismo al neodarwinismo y al neoneodarwinismo. En la ciencia el revisionismo es una virtud y el dogmatismo un pecado capital. Uno de los puntos que se ha puesto a discusión es la competencia entre altruistas y egoístas. De pequeños, a todos queríamos ser héroes o campeones. Aquiles, Tarzán, Napoleón, el Santo y todos los demás miembros del panteón de héroes infantiles son individuos valerosos, pero poco altruistas. El verdadero altruismo tiene siempre un tanto de martirio y nuestro egoísmo innato (o asimilado) nos lo hace poco atractivo. Sin embargo, el altruista, que pone en peligro su vida para asegurar la supervivencia de su familia o grupo social, pese a estar desapareciendo de la especie humana contemporánea, tiene su lugar en muchas especies animales "inferiores".

Pero ¿qué tienen que ver los mártires con Darwin? Pues que el héroe altruista se sacrifica por un grupo y Darwin supuso que la selección actúa sólo sobre los individuos, suposición que se mantiene en la teoría moderna: es el individuo mejor dotado en sus genes el que transmite su ventaja a sus descendientes. En apariencia, esto les daría la delantera al cínico y al egoísta, y condenaría a los genéticamente altruistas al exterminio. Esta conclusión se demostró falsa por demasiado ingenua. De hecho existen especies de aves en las que el altruismo de los padres es más la regla que la excepción. Gilpin, en su libro Group Selection in Predatory-Prey Communities, y Wilson, en la revista de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, han propuesto dos modelos distintos que muestran, uno independiente del otro, que no sólo los grupos menos egoístas tienden a predominar (lo que es obvio), sino que el número relativo de altruistas en una población tiende a aumentar. Y esto sin violentar la acción de la selección sobre los individuos.

De manera que podemos vivir tranquilos sabiendo que la selección natural condena al exterminio a las sociedades o grupos donde predominen los egoístas. Lo que quita el sueño es pensar si la raza humana no se encuentra ya cerca de tal situación.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Cine español

¿Por que el cine español tiene tan poca aceptación general por el público? Sencillo de contestar, las películas, tienen su aprobación y valía en función de la calidad de las mismas, un autor recoge frutos solo cuando su trabajo se considera de importancia y en caso contrario, se considera un fracaso tanto a nivel popular como de crítica. Pues bien, esta norma se rompe en el cine español, aquí se producen grandes cantidades de películas, obteniendo de inmediato la subvención económica, y para nada importa la calidad y acogida que la película tendrá después, (por no hablar de las cuotas de pantalla, que impone el Ministerio de Cultura). Se dan casos de obras que prácticamente no se estrenan; da igual, el beneficio económico, ya esta en los bolsillos de los productores.

Esta carencia de aliciente e incentivo al trabajo bien hecho, tiene dos inconvenientes, primero, premia los ejercicios mediocres o sencillamente insufribles, y segundo, iguala estos con las escasas excepciones, -que también las hay- convirtiendo el cine de producción española en una amalgama homogénea en la que es imposible discernir, lo que vale y lo que directamente es aplicable a llenar el cubo de la basura.

Los tres problemas importantes a que se enfrenta el cine patrio, son el exceso de sexo gratuito y guiones soeces, el anticlericalismo ancestral, con especial atención a ridiculizar la religión católica y la excesiva ideologización partidista a que se enfrenta. El espectador medio, esta harto de ver siempre los mismos estereotipos, caricaturizados, en la que el sentido inicial que incorporó el cine negro, -es decir ni los buenos son tan buenos ni los malos, tan malos- se aplica. Aquí se disfraza de Belcebú siempre a los mismos, y se pinta con imágenes angelicales e inocentes a los del otro bando. (Perdón por lo de “angelicales” para los aconfesionales).

En el cine es más importante “como se cuenta”, que “lo que se cuenta”. He visto muchas obras maestras, en las que no “ocurría” prácticamente nada, y también, muchos tostones en los que me han contado en noventa minutos, doce novelas de Fiódor Dostoyevski.

En fin, entre alguien que hace cine y alguien que hace películas, existe la misma diferencia que entre el pintor, Diego Velázquez, y el que diseña los folletos para seguir el Museo del Prado. Pero…Siempre nos quedará París.


martes, 4 de marzo de 2008

Desde el silencio que me rodea...

Desde el silencio que me rodea escucho hablar a mi esposa y a todos vosotros, dirigiéndoos a mí. A pesar de vuestro disimulo, observo la inseguridad que os guía en las recomendaciones que intentáis que asimile. Queréis que siga vuestros consejos y que actúe como se espera de mí, pero esto ya no depende ni de vuestras sugerencias, ni de mi voluntad. ¡Qué ilusa!, ¡ qué ilusos!, aún creéis posible que mi antigua serenidad vuelva a acomodarse en mi cerebro, y que ponga en orden mi desasosiego. Estoy indignado con la falta de respeto que se tiene hacia mi condición, y con el comportamiento tan poco cívico del destino.


Ella intenta atraer mi atención y conseguir que la confianza que siempre ha presidido nuestras relaciones, siguiera latente entre nosotros. Mi gorgoteo incomprensible quiere llamar su atención o distraerle de su compromiso para liberarle de éste. Me gustaría trasladarle una de mis anteriores intenciones, como era la de escribir un libro en el cual le relataría mi vida, pero esto no será posible si no dispongo de una guía que me dirija... o algo; algún consejo que me resuelva el orden que debo de seguir para plasmar mi realidad. En otras circunstancias – en mis anteriores circunstancias- hubiera sido capaz de construir un mundo desde el cuál poder entrar y salir en infinidad de ocasiones. Y ser cantor y ser embustero..., y ser ángel y ser demonio. Efectivamente se puede entrar y salir desde ese mundo que yo habitaba; desde el mundo que habito ahora, ya no.


Pero ella es tenaz, incapaz de aceptar mi realidad y la suya. Cree que aún puedo ser capaz de inventar un hábitat a nuestra medida igual al que disfrutan una paloma torcaz junto a un ruiseñor de plumaje gris-anaranjado. ¿Cómo es posible indicarle que desde mi mundo ya no es posible retornar? Un hombre me mira dentro de los ojos; pretende que estos le digan algo. Yo sólo puedo hablar con mis ojos y con estos le digo: Estoy habitando en un mundo que alguien ha fabricado a mi medida, aunque la verdad, no ha tenido que esforzarse mucho, sin embargo para transitar por aquí, me hace falta la ayuda vuestra tolerancia para que entendáis mi comportamiento. Éste no es el que dejan entrever mis gestos y mis palabras, las cuales se vuelven torpes y atropelladas, y consigo que no sean coherentes. Y lo siento; naturalmente que lo siento. Afortunadamente, soy capaz de entender vuestras miradas, las que a veces disfrazáis de compasión y alguno de alegría. En realidad he dejado de ser un estorbo para muchos de vosotros, y una preocupación para varios más; un número menos en la estadística que fabricáis, y un consumidor inútil para vuestros productos, un rival para el silencio y un amigo para el sereno, al cual acompañaré en su soledad y tal vez en el frío.


Tengo infinidad de cosas que deciros, sin embargo, me doy cuenta de que a nadie le interesan. Me habéis reducido a un espacio interno, y yo me he agazapado en mi ostracismo. Vuestras simplezas no pueden sacarme de él. Desde aquí quisiera que ella no se esforzara más y que me deje circular por el sendero que se presenta ante mí, donde siempre encuentro el mismo obstáculo..., los mismos obstáculos ya que son cientos de ellos: mi incapacidad para reírme, para llorar, para guardar silencio en determinadas circunstancias, y es posible que para sentir. Sentir que no puedo contestar a su llamada, a su risa, y que ya no puedo acompañarla.


Me habíais hecho creer que mis vivencias iban a ser capaces de conformarme, pero no me brindabais ninguna alternativa para ello. Sólo que detrás de unas cañas, detrás de una sonrisa, permanece inalterable mi utopía de la cuál no puedo desprenderme. También me decís – porfiando en vuestra intención- que puedo inventar un mundo a mi medida..., pero no os dais cuenta de que yo ya estoy habitando en éste. Y entro y salgo de él las veces que quiero. No tengo nada que decir y me alejo, y cuando necesito comentaros alguna anécdota, vuelvo. Esta vez he vuelto porque quiero redactaros mi vida, pero me hace falta la ayuda de alguna quimera para plasmar mi realidad. Plasmar no sería el término adecuado, ya que este vivir mío sólo es una anécdota y a pesar de eso, tengo infinitas cosas que decir. Y sin embargo me aterra pensar que nadie me va a escuchar. Vuestra recomendación para que salga de mi ostracismo es una constante que se repite en mi vida y nunca os hago caso, ya que siempre encuentro el mismo obstáculo. A pesar de mi esfuerzo no consigo que ninguna de vuestras pretensiones consigan encandilarme, y nada más lográis que mi mirada se vuelva torva e insensible, y a veces temerosa. Ya no puedo continuar andando en vuestro mismo camino, aunque la senda que me había trazado era atractiva, y eso tal vez fue mi perdición. Desbocado, mi afán fue desbocado en busca de la meta que habíais diseñado para mí, y acaso la imposibilidad de conseguirla ha hecho que deje de lado todas las pretensiones que a pesar de que no eran mis auténticas necesidades, las asumí como tales. Muy tarde me di cuenta del error que estaba cometiendo con mi vida. Ésta es una de las causas para mi negativa, pero aún hay más. Lo difícil es que consiga catalogarlas cronológicamente: ¿Cuál es la principal?, ¿cuál la que ha decidido por mi?, ¿cuál es la que puede hacerme retornar?, ¿cuál la que continua empujándome? Y ¿cuál la que me aleja de su lado?.


Admito que todos estamos locos. ¿Quién de vosotros no ha tenido sueños en los que un hada le brindaba tres oportunidades de conseguir otros tantos deseos? Yo sí, lo difícil ha sido conformarme con tres oportunidades, ya que son cientos de desarreglos los que veía a mí alrededor, y cada grito que sale de mi garganta es el recuerdo de alguno de ellos. Y grito por el mar, y grito por el cielo, por el canario enjaulado y por la paloma libre, por mi perro y su ladrido prisionero, por mi sueño y por la ausencia, por un consejo desoído, por un futuro inacabado y por un presente sin comenzar. De nuevo quiero contactar con vosotros ya que tal vez, me ayudéis a decidir si la elección que he escogido es la correcta. Así será más fácil que asuma ésta como una escapatoria, y que desestime las múltiple negativas que yo he materializado, y que me pregunte el motivo por el cuál quiero irme. Me pregunto cuáles serán vuestras peticiones; seguro que una de ellas es el deseo de que os corresponda algún premio en el juego, y ya ves, a mí eso, apenas me interesa. ¿No lo comprendéis, verdad? Veréis en mi desorientación, pero sólo estoy disfrazando mi vida y aprovecho la contingencia de que me consideráis “no apto“ para hacer lo que me interesa. Para vosotros sólo son decisiones sin fundamento. Unos lazos invisibles mueven mis brazos y en ocasiones los adecuan a vuestro deseo. El mío, mi deseo, ha sido sustituido y destruido; un Dios vengativo y cruel decide mantenerme en esta postración. Ojalá penséis que todo lo que os digo tiene algún fundamento.


De verdad, nada más veo que aún podéis escalar las metas que os han marcado y pensáis que son vuestros auténticos deseos. La diferencia entre vosotros y yo, es que aún podéis conseguirlo. Yo, ya no, Yo ahora oigo canciones, y éstas retumban en mi cabeza repitiendo el estribillo, y en mi interior adquieren diferentes matices, a pesar de que es la misma canción y nadie la escuche, e intento que ninguno vea la posibilidad de que la mía esté envuelta en euforia y que hago caso omiso de vuestros argumentos. No sois capaces de escuchar la suave melodía que me componen los pájaros en el cielo, cuando mi canto suena en el mismo momento del amanecer y les obligo a levantar el vuelo. Con las primeras luces del alba los observo como huyen hacia el sol, pero antes me dibujan en el cielo formas muy curiosas, siguiendo la estela que marca el primero de ellos; a éste, le ordeno le ordeno que gire a la derecha, y los siguientes le siguen estilizándose y componiendo la vistosa melodía que os he dicho, y que sólo yo tengo el privilegio de escuchar y saludar con el vaho de mi aliento.


Nunca me equivoco ya que si giran a la izquierda, yo rectifico mi orden. Un noctámbulo que pasa por mi lado suelta un bufido de complacencia, o de desagrado, según haya transcurrido su noche. La mía ha pasado cómo la de ayer y cómo pasará la de mañana; soy consciente de que voy a hacer un requerimiento inútil: también he estado en la misma posición que vosotros, y seguramente sentiría la misma pena que sentís vosotros al verme, y que yo sentía al mirar la confusión de otro. Ahora la confusión impera en mi alma y abotarga mis sentidos.


Pero el mismo sol no hace distinciones entre vosotros y yo... pero... calificar mi mal como más os plazca y refugiaros en mi melancolía o imaginaros que llevo conmigo una alegría desbordante. Es posible que así justifiquéis mi sonrisa, y podáis apuntaros un tanto a vuestro favor, o una excusa. Podéis decir que me río gracias a algún comentario que hacéis en mi presencia, pero no. Vuestras interjecciones ya no me hacen gracia y sólo escucho palabras que no respondo. Nada más respondo al silencio. No puedo sustraerme a oír las frases que vienen desde mi interior, aunque apriete mis oídos para no escucharlas ya que me relatan mi vida, que aunque ya no forma parte de mí, me recuerda mi primer fracaso. Un fracaso igual al que estoy viviendo ahora.


jueves, 7 de febrero de 2008

Papi...¿Cuánto me quieres?

“El día que mi Hija nació, en verdad no sentí gran alegría. Por que la decepción que sentía parecía, ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener una hija. ¡Yo quería un varón!. A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Mari Carmen y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a quererla con locura. Su carita, su sonrisita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes sobre planes, todo sería para mi Mari Carmen.”

Este relato era contado a menudo por Rodolfo, el padre de Mari Carmen y yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Rodolfo según decía el mismo.

Una tarde estaba mi familia y la de Rodolfo, haciendo un picnic a la orilla de un río cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, todos escuchábamos:

- Papi,... cuándo cumpla quince años, ¿cuál será mi regalo?

- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?

- Bueno papito,... tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.

La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.

Una mañana me encontré con Rodolfo enfrente del colegio donde estudiaba Mari Carmen, quien ya tenía catorce años. Rodolfo se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostraba las calificaciones de Mari Carmen, eran notas impresionantes, ninguna bajaba del nueve y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores. Felicité al dichoso padre.

Mari Carmen ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su padre.

Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando Mari Carmen tropezó con algo, eso creíamos todos y dio un traspié, su papá la agarró de inmediato para que no cayera...Ya instalados en la iglesia, vimos como Mari Carmen fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomamos en brazos, mientras su padre buscaba un taxi hacia el hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, qué debía practicársele otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.

Los días iban pasando, Rodolfo renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Mari Carmen, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.

Una mañana Rodolfo se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:
- ¿Voy a morir, no es cierto? ¿Te lo dijeron los doctores?

- No mi amor...no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado sobre este mundo respondió el padre.

-¿Van a algún lugar? ¿Pueden ver desde lo alto a su familia? ¿Sabes si pueden volver? preguntaba su Hija.

-Bueno hija,... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el mas allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.

- ¿Al viento? ¿Y cómo lo harías?

- No tengo la menor idea hija, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.

Ese mismo día por la tarde, llamaron a Rodolfo, el asunto era grave, su hija estaba muriendo. Necesitaban un corazón, pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más.

- ¡Un corazón! ¿Dónde hallar un corazón? ¡Un corazón! ¿Dónde Dios mío?

Ese mismo mes, Mari Carmen cumpliría sus quince años. Y fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde ya Mari Carmen estaba operada, todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!

Sin embargo, Rodolfo todavía no había vuelto por el hospital y Mari Carmen lo extrañaba muchísimo, su mamá le decía que ya todo estaba muy bien y que su padre sería el que trabajaría para sostener la familia.

Mari Carmen permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.

Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.

"Mari Carmen, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no estar a tu lado en este instante.

Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez añitos y a la cual no respondí.

Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras.
¡¡Vive hija!! ¡¡Te amo con todo mi corazón!!”

Mari Carmen lloró todo el día y toda la noche; Al día siguiente fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá; lloró como nadie lo ha hecho

Y susurró:

" Papi,... ahora puedo comprender cuanto me querías, yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "Te Amo" y te pediría perdón por haber guardado silencio tantas veces”.

En ese instante las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y florerillas, y una suave brisa rozó las mejillas de Mari Carmen, alzó la mirada al cielo, intentó secar las lagrimas de su rostro, se levantó y emprendió regreso a su hogar.

martes, 22 de enero de 2008

Diario de un perro

Este cuento, que circula por la red, (no sé quien es el autor). La primera vez que lo leí, me dejo en un estado de postración y culpabilidad, si, culpabilidad, por pertenecer a un género, el humano, que a pesar de tener grandes cualidades, tiene en algunos casos el alma muy enferma. Reconozco, que alguna lagrima me costo, espero que a ti te pase lo mismo, es la mejor señal de que no perteneces al grupo que acabo de mencionar.


Una semana: Hoy hace una semana que he nacido. Qué alegría haber llegado a este mundo.

Un mes: Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.

Dos meses: Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta y con sus ojos me dijo adiós. Espero que mi nueva familia humana me cuide tan bien como ella me ha dicho que harán.

Cuatro meses: He crecido rápido, y todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como hermanitos. Somos todos muy inquietos, ellos me tiran del rabito y yo les mordisqueo jugando. Nos divertimos mucho.

Cinco meses: Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice pipí dentro de casa, pero nunca me habían dicho dónde hacerlo. Además duermo en un cuartito...y ¡ya no aguantaba más!

Ocho meses: Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar, y me siento tan seguro, tan protegido...Mi familia humana me quiere y me deja hacer muchas cosas. Cuando están comiendo yo les pido algo y siempre me lo dan. Y el jardín de casa es estupendo, y puedo escarbar como mis antepasados los lobos, escondiendo la comida. Creo que nunca hago nada mal porque nunca me dicen nada...

Doce meses: Hoy cumplí un año. ¡Soy un perro adulto! Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Seguro que se sienten orgullosos de mí...

Trece meses: Que mal me sentí hoy. Mi hermanito, uno de los niños, me quitó la pelotita. ¡Yo nunca le quito sus juguetes! Así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho fuertes y le hice daño sin querer. El gritó y lloró y yo me sentí muy triste. Después del susto me encadenaron casi sin poder moverme. Hacía mucho sol y tenía mucho calor y no había agua cerca...Y les oí decir que iban a tenerme en observación o algo así, y que soy un desagradecido. No entiendo nada.

Quince meses: Ya nada es igual. Vivo en la azotea y me siento muy solo. No se por qué mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed, y cuando llueve no tengo ningún techo para cobijarme.

Dieciséis meses: Hoy me bajaron de la azotea. Me puse muy contento de que me perdonaran, y daba saltos de gusto, y movía el rabito como nunca. ¡Y además me van a llevar de paseo! Monto en el coche y espero a ver a dónde me llevan, tengo muchas ganas de correr y jugar con mi familia. Paramos, abrieron la puerta y yo me bajé feliz. Estábamos en la carretera, al lado de un campo y pensé que pasaríamos un día estupendo. No entiendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Esperadme!, les grité, ¡Os olvidáis de mí! Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas, muy angustiado, iba viendo que no podría alcanzarles, que no podía correr más y el coche se iba haciendo pequeñito. Me habían olvidado.

Diecisiete meses: He intentado encontrar el camino para volver a casa y no lo he conseguido. Estoy perdido. A veces me encuentro con gente buena que me mira triste y me da algo de comer. Yo les doy las gracias con la mirada, y les digo que querría que me adoptaran, que les prometo ser leal como nadie...pero sólo dicen "pobre perrito, se debe haber perdido". Y se van y me dejan sólo otra vez.

Dieciocho meses: Es otro día pasé por un colegio y ví a muchos niños como mis antiguos hermanitos. Me acerqué y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras, "a ver quien tiene mejor puntería", decían. Una de las piedras me dio en un ojo y ya no veo con él.

Diecinueve meses: Ahora ya no se me acerca casi nadie, creo que es porque ya no soy un perro bonito. Estoy muy flaco, perdí mi ojo, tengo alguna herida de algún perro más fuerte que me mordió cuando intentaba comer y hace mucho que nadie me cepilla el pelo. La gente no me acaricia. Últimamente lo que abundan son los escobazos que me dan cuando intento dormir un poco a la sombra de alguno de sus porches.

Veinte meses: Casi no puedo moverme. Hoy intenté cruzar la calle por donde pasan coches y uno me atropelló. Aunque yo creo que estaba en un lugar seguro...y no olvidaré la mirada de satisfacción del conductor que hasta se ladeó con tal de darme...Si me hubiera matado...pero que va, sólo me dislocó la cadera y el dolor es horrible. Mis patas traseras no se movían, así que con mucha dificultad me arrastré hacia el borde del camino, donde había un poco de hierba.

Llevo diez días bajo el sol, la lluvia y el frío, sin comer. Ya no me puedo mover nada, el dolor es insoportable. Me siento muy mal, cuando llovió se hizo un charco donde yo estaba y como no podía moverme estuve mojado muchísimo tiempo, y creo que mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa sin verme, otros me dicen "no te acerques"...¡pero si ni me puedo mover!

Ya casi estoy inconsciente, pero una fuerza extraña me hizo abrir los ojos. Una mujer muy dulce me decía "pobre perrito, cómo te han dejado". Junto a ella venía un señor de bata blanca, que empezó a tocarme y dijo "lo siento señora, pero esto ya no tiene solución, es mejor que deje de sufrir". A la señora se le saltaron las lágrimas y asintió, y como pude, moví el rabito agradeciéndole que me ayudara a descansar. Sentí un pinchazo de la inyección y me dormí mientras ella me acariciaba la cabeza, pensando porqué tuve que nacer si nadie me quería.

lunes, 21 de enero de 2008

Pensamientos

  • Cuando estás al borde del precipicio, la única manera de avanzar es dar un paso atrás.
  • Si lo que amas no está a tu alcance, si puedes, deja de amarlo, y si no, deja de pensar en ello.
  • Las catástrofes, nunca vienen solas. Detrás siempre viene la Cruz Roja.
  • ¿Por qué la ciencia explica que el cielo es azul por el reflejo del mar, y el mar es azul por el reflejo del cielo?
  • Suicidarse, es el acto malvado siempre. Porque acabas con la vida de tu peor enemigo.