miércoles, 29 de abril de 2009

Especificaciones técnicas hechas con… el culo


Muchos de los aspectos más modernos de nuestra vida están condicionados por el pasado. En los trasbordadores espaciales Challenger y Discovery, podemos apreciar dos depósitos auxiliares de combustible además del principal. Se fabrican en el estado de Utah. Los ingenieros que los diseñaron, hubieran preferido que fueran mayores, pero no pudo ser así porque se tenían que trasportar por tren hasta la base de lanzamiento. La línea férrea entre la fabrica de Utah y Cabo Cañaveral, circula a través de un túnel que no permite el paso de depósitos de mayor tamaño. Pero ¿Por qué el túnel tiene estas dimensiones tan estrechas? La anchura de los túneles viene determinada por la anchura del tren y este tiene relación directa con la separación de los raíles. La distancia estándar entre los raíles en USA es de 4 pies y 8,5 pulgadas, es decir 1,40 mts. Esto es así, porque los ferrocarriles norteamericanos se construyeron igual que los británicos, por ingenieros ingleses que pensaron que era una buena idea, ya que permitiría usar locomotoras inglesas para aprovechar la sinergia. Pero ¿Por qué los ingleses construyeron ferrocarriles de esta forma? Porque las primeras líneas de ferrocarril fueron construidas por los ingenieros que construyeron los tranvías, que ya utilizaban esta medida, pero ¿por qué esta distancia en los tranvías? Porque los constructores de tranvías eran los mismos que anteriormente construían carros y utilizaban los mismos métodos y las mismas herramientas. Pero ¿Por qué los carros utilizaban esta medida estándar entre ejes? Porque en toda Europa las roderas en los caminos estaban ya marcadas y cualquier otra medida hubiese causado la rotura de los ejes de los carros. Pero ¿Por qué las roderas tenían la misma separación entre los ejes? Por que los caminos se remontaban a tiempos de los romanos para facilitar el desplazamiento de las legiones. Pero ¿Por qué los romanos adoptaron la medida exacta de 1,40 mts para las roderas? Porque los carros romanos estaban tirados por dos caballos, y estos galopando uno al lado del otro debían tener la suficiente separación para no molestarse y con el fin de mejorar la estabilidad del carro, las ruedas no debían coincidir con las pisadas de los caballos y a la vez no estar demasiado separadas para no causar accidentes cuando dos carros se cruzaran.

Ya hemos encontrado respuesta a la pregunta inicial. El tamaño de las vías en los ferrocarriles americanos viene determinada porque 2.200 años antes, en otro continente los carros romanos se habían construido bajo las dimensiones del culo de los caballos. O sea que el depósito de combustible del trasbordador espacial guarda relación directa con el culo del caballo romano.



lunes, 27 de abril de 2009

La Muerte ¿Es progreso?

Estoy leyendo, en ratos libres, un libro realmente impactante. Se titula ‘Seducidos por la muerte’, ha sido editado por Planeta y lo ha escrito el doctor Herbert Hendin, consejero delegado y director médico de Suicide Prevention International y catedrático de Psiquiatría en el New York Medical College.

Hendin es un experto mundial en prevención del suicidio y ha viajado a Holanda para comprobar ‘in situ’ cuál es el resultado de la aplicación de la ley permisiva con la eutanasia y el suicidio asistido. Ha entrevistado a médicos, pacientes y enfermeros. Ha estudiado a fondo los datos oficiales sobre muerte terminal. Y ha extraído sus conclusiones.

Pues bien. Sus análisis e informes han sido utilizados por el Tribunal Supremo norteamericano para declarar que no existe el derecho constitucional al suicidio asistido.

Estas son algunas de las ideas que he sacado del libro:

  • [Tras su visita a Holanda] “La aceptación de la eutanasia ha llevado a que se descuide el desarrollo de los cuidados paliativos. La eutanasia, que se había propuesto como solución necesaria para unos pocos casos extremos, se ha convertido en una manera casi rutinaria de tratar la ansiedad, la depresión y el dolor en pacientes graves o terminales”.
  • “Lo que he visto en Holanda y Estados Unidos me ha convencido de que hay que evitar la legalización de la eutanasia porque los cuidados paliativos se descuidarían y empeorarían”.
  • “Es imposible regular la eutanasia. Saqué esta conclusión de los informes del gobierno holandés, de hablar con los investigadores que los hicieron, y de los casos que me presentaron. El hecho de que el reconocimiento legal crea un clima cultural que favorece la desobediencia a cualquier normativa es algo que queda bien reflejado en que el 25 por ciento de los médicos reconocen haber dado medicinas para acortar la vida sin el consentimiento de los pacientes”.
  • “Pocos médicos saben que es posible eliminar todos los dolores con cuidados paliativos adecuados, si se incluye la sedación en los casos necesarios. Cuando se dan cuenta de esto, la mayoría de los médicos prefieren esos métodos”.
  • “Los defensores de la eutanasia han exagerado el número de médicos que la practican, y dicen que hay que legalizarla para así poder regularla. El argumento no parece muy convincente: ¿hay que cambiar la ley simplemente porque no se respeta?, y ¿qué nos hace pensar que los que ahora no cumplen la ley después van a respetar las normas que entonces se propongan? La experiencia de Holanda nos indica más bien que la legalización crea un clima favorable a la desobediencia a las normas”.
  • “Tenía curiosidad por saber cómo reaccionaría Eugene Sutorius [célebre abogado defensor de médicos en casos de eutanasia] al decirle que miles de pacientes lúcidos y no lúcidos eran llevados a la muerte sin su consentimiento. Cuando se lo comenté me dijo que había momentos en los que los médicos sentían que tenían que actuar porque los pacientes o las familias no podían hacerlo. Sabía de un caso en que un doctor había puesto fin a la vida de una monja unos días antes de que hubiera fallecido por muerte natural porque tenía muchos dolores y el médico sabía que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la eutanasia. Sutorius no encontró ningún argumento, sin embargo, cuando le pregunté por qué no se le había permitido a la monja morir de la forma en que quería”.


Es increíble esto... ¿Y cómo este tipo de investigaciones y estudios no aparecen nunca en la prensa?. Pues.. muy sencillo. Estas informaciones no salen en la prensa porque hay una intensa campaña en favor de legalizar la eutanasia. Ello exige presentarla como una demanda social extendida, para lo cual se muestran como si fueran habituales casos excepcionales y numéricamente irrelevantes. En paralelo, es imprescindible ocultar cualquier dato que contradiga lo opinión que nos quieren imponer. En España se lleva haciendo así habitualmente desde hace 30 años en muchos asuntos: divorcio exprés, aborto, eutanasia, educación, enfoque de género, pacifismo, energía nuclear...


viernes, 13 de marzo de 2009

De sabandijas y septimo arte

Preocupantes son las cifras del mercado cinematográfico español en 2008, difundidas ayer por el Ministerio de Cultura, ratifican la crisis del sector. Bajan el número de espectadores totales, y el cine español tiene una caída de 1,4 millones. Pero estas son absolutamente comprensibles si entendemos que el cine patrio lejos de ser una industria que busca la calidad y que premia el trabajo bien hecho, se nutre de la teta nacional, que son las subvenciones, dadas, indiscriminadamente y sin ninguna supervisión sobre el pelaje de lo que se realiza. Actualmente el importe que se destina a subvenciones, es superior a lo que se recauda en taquilla. Esto ya da una imagen nítida, sobre lo que estoy tratando de explicar. Eso si, los actores, actrices, autores, directores, guionistas, argumentistas, libretistas y demás gentecilla que vive y se desarrolla en el ambiente pseudo-cinéfilo-artístico, jamás han conseguido tantos premios como este año. Es como si se dedicaran a premiarse unos a otros sin parar, en una rueda en la que: “hoy te toca a ti, pero tu mañana me premias a mi”. Sencillamente patético.

Si alguien quiere ver lo que se puede hacer con un presupuesto realmente bajo y una gran dosis de talento y agudeza, yo recomiendo que veais la pelicula de Clint Eastwood, "El gran Torino", de reciente estreno. Sencillamente genial.

Mientras, el ínclito, progre de diseño, Ramoncin, cuyos logros pasados son autodenominarse “el rey del pollo frito” haciendo una charanga de mortífera calidad, y su logro actual es vanagloriarse de lo mucho que recauda la SGAE, desde que ocupa un excelentemente bien remunerado puesto en su junta directiva, nos amenaza con la salida de un nuevo disco. No te preocupes, Ramón, nadie lo comprará en el top-manta. Tampoco ahí.

martes, 3 de marzo de 2009

Lobo


Lobo, es el apodo de un amigo. Él, no haciendo honor a su nombre, vive solo, trabaja, cocina para si mismo, bebe cerveza copiosamente y presume de duro con los demás. Pero los que lo conocemos bien, sabemos que es un trozo de pan, con un corazón más bien tierno. Resulta, que hace algún tiempo vio la película "La milla verde", y desde entonces anda buscando una rata, si una rata común, para poderla llevar en el bolsillo, sacarla delante de los amigos, y que esta coma en su mano. Algo tan simple lo haría feliz. Me lo contó este viernes pasado con voz triste y mirando a la nada. Me pasé toda la mañana del sábado buscando la dichosa rata, por todas las tiendas de animales de Getafe. Al final la encontré.




Reencuentro



Felipe vino a verme aquella noche, la noche que nos íbamos a ir, me dijo que si tú te ibas, él se moriría… era mi hermano. ¿Has sido feliz con él, verdad? a pesar de todo.
Bueno, digamos que tuvimos una vida tranquila y ahora de vez en cuando lo echo de menos. ¿Y tú?
Me casé, pero solo duró cinco minutos… no eras tú.
¿Qué es esa cajita, que traes?
Es un regalo para ti... un pijama.
Ella abrió la caja lentamente... esta contenía un frasquito de "Channel nº 5".


sábado, 21 de febrero de 2009

Antes nos moriamos mejor


Antes nos moríamos de otra manera. Salvo accidentes, guerras e imprevistos, los españoles decían adiós muy buenas en el dormitorio de su propia casa y, según las esquelas de ABC, tras larga y dolorosa enfermedad. Eran los nuestros unos óbitos dignos y meridionales, con la familia alrededor, los hijos diciendo papá no te vayas y las vecinas rezando el rosario en la cocina, entre copita y copita de anís del Mono y agua de azahar. Se oía una campanilla, llegaba el cura rezando latines, y una de dos: el agonizante decía pase usted padre, con cristiana serenidad, o lo mandaba a freír espárragos con la mujer y las hijas diciéndole hay que ver, Paco, papá, como eres, te vas a condenar. Morirse en España era morirse uno en cama como Dios manda, protagonista del último acto de su vida, libre de aceptar o rechazar los santos óleos, bendecir a la progenie o, llegado el momento supremo, incorporarse un poco sobre la almohada y decirles a los deudos con el último suspiro eso tan satisfactorio y tan castizo de podéis iros todos a la mierda.

Además, era instructivo para los niños. Ahora los quitan de en medio en el acto, no sea que vayan a traumatizarse con el espectáculo, y así salen después los nenes, creyendo que no van a morirse nunca y que la enfermedad y el dolor son cosa exclusiva de los bosnios y los negritos de Ruanda. Al abajo firmante le dejaros de fumar casi todos los ancestros en casa, y recuerdo perfectamente a dos, llevándome de la mano para darle un último beso al abuelito y a la abuelita cuando ya estaban tiesos como la mojama. A otro abuelo ayude a amortajarlo personalmente con quince años, y recuerdo que mi padre le quitó de la solapa el clavel chulapón que yo, en un exceso de celo, le había puesto buscando un póstumo toque elegante.

El caso es que, claveles aparte, no me quedó ningún trauma, sino todo lo contrario. Todo aquello tenía algo de solemne, de lección de vida y de aprendizaje.

Pero la muerte ya no es lo que era. Ahora vas y te sientes un día un poco pachucho, el yerno te lleva al hospital en el Opel Corsa, y de allí ya no sales. Como si acabaras de caer en una trampa, te ponen un pijama, te llenan de tubos, una enfermera cuarentona pero de buen ver te dice tranquilo, abuelo, esto no es nada, y te pasas la agonía mirando al techo blanco de la habitación de la clínica, con la familia llorosa yendo a verte de cuatro a cinco, y los parientes lejanos de tu vecino de cama, que palmó ayer por la tarde, equivocándose de visita y despertándote en mitad de la siesta para decir qué buena cara tienes, tío Mariano, sin saber que al tío Mariano le enterraron a las doce. Si duras lo suficiente tendrás varios vecinos de cama: desde el que no te deja dormir por las noches con la tos hasta ese otro con el que haces amistad y su mujer, una santa, te da conversación, y hasta se ofrece a traerte la chata o el lagarto para que te alivies por las noches. Eso es lo bueno de los hospitales: que mientras te mueres, conoces gente.

Y después, que ésa es otra, viene lo del tanatorio. Porque antes llegaban los del Ocaso, S.A. a casa y te ponían en una caja de pino, recién afeitado, con el traje de los domingos que sólo te faltaba en el bolsillo el cigarro puro y la entrada para ir a los toros, y después se iban congregando los vecinos y los amigos en el vestíbulo, y la escalera, y la calle, antes de que te sacaran hombros, por muy mal que lo hubieras hecho, para conducirte solemnemente a tu última morada, con las hijas diciendo que no se lleven a papá y una corona con la inscripción: Tus compadres de mus no te olvidan.

Ahora, sin embargo, ponen un biombo mientras te amortajan con una sábana del hospital y te sacan discretamente, a escondidas, como si palmarla fuera algo vergonzoso, y te llevan a toda prisa al tanatorio donde hay ocho o diez funerales a la vez, y la gente llega y pregunta éste es el entierro numero diez, y le contestan no, éste es el numero ocho, el diez es la puerta quince, allí donde llora esa señora. Y aquello ni es funeral ni es nada, todo el mundo mirando el reloj porque hay que desalojar la sala a la hora justa, música de casettes que un día igual se equivocan y te ponen a los Ronaldos mientras el cura –con sandalias y camiseta- despacha el requiéscat con dos mantazos y media estocada. Y para postre, el nicho tiene tu nombre con las letras pegadas de rotulit de ese, que se caen a los tres días, y encima el yerno sugiere que pongan tu foto. Y allí te quedas, en óvalo, mirando al personal con cara de panoli cada uno de noviembre, cuando vienen a cambiarte las flores de plástico.