miércoles, 17 de octubre de 2012

10 Discos de jazz para escuchar antes de morir




Debido a la larga trayectoria del jazz en la historia de la música, es casi imposible elegir los 10 mejores álbumes de todos los tiempos. Pero hay mucha gente, jóvenes o incluso no tan jóvenes, que sienten curiosidad por el jazz, y no están seguros exactamente de por dónde empezar. Por lo tanto, en esta lista se destacan los 10 álbumes de jazz que tienes que escuchar antes de morir. Es algo así como una lista de “deseos jazz” que te asegura que utilizaste tu tiempo en esta Tierra para escuchar algunas de las obras maestras de la música. Voy a estar en su mayoría en los años 50 y el rango de los 60, pero a veces se ramifican. ¡Ojo! Esta lista no dice que sean los mejores 10 álbumes, del jazz, pero si los que tienes que escuchar antes de morir. Así que, aquí vamos allá. 


Primer disco del saxofonista Ornette Coleman para el sello Atlantic, puede entenderse como el inicio del avant-garde y el free, este último un estilo en el cual la improvisación se libera de la estructura armónica y el género alcanza el mayor grado de libertad. Es también el primero de su clásico cuarteto sin un instrumento que provea la armonía, donde Coleman y el trompetista Don Cherry improvisan sobre acordes implícitos. La interacción entre ellos es única y la sección rítmica a cargo de Charlie Haden y Billy Higgins toca de un modo absolutamente novedoso, donde el contrabajo tiene una contribución inusual en épocas anteriores. El sonido del saxo alto es seco, crudo y agudo, sus frases son fluidas y el efecto creado junto a la trompeta de bolsillo es disonante. Clásicos como la balada Lonely Woman y el hard-bop Congeniality inauguraron una era.


The Bridge (El Puente) es un clásico permanente del jazz, y parte de su atractivo ha sido siempre el saber que hay mucho más en la historia de este disco que sólo la música. La leyenda de un solitario saxofonista tocando en medio de la quietud de la noche en el puente de la ciudad de Nueva York, retirado de la escena del jazz y preparando de esta manera su regreso, se transforma en una realidad cuando uno escucha el tremendo poder de expresión que Sonny Rollins adoptó en esta nueva etapa de su carrera. Es una de las imágenes más románticas de la historia del jazz: la solitaria silueta de un gigantesco saxofonista de nombre Sonny Rollins se recorta noche tras noche contra el skyline de Nueva York, sobre el puente de Williamsburg que une Manhattan con Brooklyn. Su saxo desgrana tristes lamentos durante un voluntario retiro de la escena que duraría 3 años. La explicación es, no obstante, irónicamente prosaica: los vecinos de su pequeño apartamento de dos habitaciones no le dejan practicar en casa. El resultado es un magnífico disco titulado, naturalmente, THE BRIDGE (RCA). El puente de Williamsburg (New York), aquel lugar en el que Sonny practicaba sin que nadie pudiera verle: "Estaba cerca de casa. Subía al puente y tocaba para los oficinistas que volvían de Manhattan derrotados, frustrados y borrachos después de unas copas al salir del trabajo... Cuando hacía frío de verdad, bajaba a una licorería de chinos de Lower East Side y me subía una botella de brandy... Los oficinistas, el brandy, el rumor del río... ¿Qué más podía pedirse en este mundo? Por lo que a mí respectaba, absolutamente nada


Este álbum del prestigioso pianista Herbie Hancock se convirtió en el mayor éxito de ventas de jazz de la historia, y no sólo eso sino que "Head Hunters" se considera uno de los discos más influyentes del jazz fusión y ha sido usado como inspiración por artistas de jazz, funk, soul, R&B o hip hop, por lo tanto es un álbum altamente recomendado. Además es pionero en el uso de teclados electrónicos. En él Herbie Hancock se encarga de todos los sintetizadores.  
"Head Hunters" es una explosiva mezcla de jazz, funk y música africana y se compone de 4 temas de larga duración. El álbum comienza con una creación del saxofonista Bennie Maupin, "Chameleon", que es una composición muy pegadiza y también muy bailable, para seguir luego con la famosa "Watermelon Man" que consagró a Herbie Hancock como uno de los más importantes compositores de jazz. Esta versión de "Watermelon Man" es diferente a la que grabó por primera vez en su álbum "Takin ´Off". En esta, Bill Summers sopla una botella de cerveza, imitando el sonido de un hindewho, un instrumento de los Mbuti pigmeos del noreste de Zaire. El tercer track, "Sly", está dedicado a Sly de "Sly and The Family Stone" un grupo pionero de funk y soul. Esta composición es un funky al estilo de la banda que lidera Sly. Y para terminar "Vein Melter", un tema lento donde el protagonismo corre a cuenta del saxofonista Bennie Maupin y del Fender Rhodes que toca Herbie Hancock. 




Ella & Louis, la magia, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, dos ángeles que, aparte de Porgy and Bess (ópera de Gershwin), sólo grabaron dos discos más. La música más dulce que nunca se ha registrado, no es posible escuchar Ella & Louis sin sonreír. Es como una asociación inevitable de la que una se pregunta qué fuerzas titánicas de la naturaleza pudieron mantener a Ella y Satchmo separados hasta que hicieron juntos este disco en 1957, acompañados por el trío de Oscar Peterson y Buddy Rich en la batería. Ella y Louis han sido la pareja de jazz más increíble de la historia. Cada cual en su parcela dictaron cátedra y definieron estilos, convirtiéndose en referentes absolutos. Duke Ellington, Cole Porter, Bing Crosby o Frank Sinatra, por ejemplo, refinaron sus estilos a partir de Ella y Louis.


En el año 1.969 Miles Davis siente nuevamente la necesidad de cambiar. Era un impulso innato e irrefrenable en él, que le había llevado a tener una influencia decisiva en algunos de los más importantes cambios de tendencia dentro del Jazz. A finales de los años cuarenta impulsó el movimiento "Cool" con sus grabaciones con el noneto arreglado por Gil Evans (recogidas en "Birth Of The Cool"). Sus trabajos orquestales con el propio Evans a finales de los años cincuenta ("Miles Ahead", "Sketches Of Spain") crearon escuela y aún fascinan. El trabajo de Hard Bop de su primer quinteto a mediados de los cincuenta es considerado como algunas de las mejores grabaciones de todos los tiempos, a pesar de no haber sido excesivamente innovador en su momento. Y decirlo ahora afortunadamente es un poco tópico, pero no está de más recordar que "Kind Of Blue" convirtió su improvisación modal en el estándar inmejorado de los siguientes diez años, y que aún hoy representa, tal vez, la cumbre del Jazz como expresión artística. Pero este enésimo salto no fue comprendido por todos, acusándolo de convertirse en un hereje y de prostituirse comercialmente. Sin duda se trató de un cambio radical, impulsivo, pero que salvó su comercialmente maltrecha carrera.



Empecemos por el capítulo de las confesiones: Me cuesta expresar lo que siento cuando escucho a Thelonious Monk, otros lo han probado con mejor fortuna. Su música es algo distinto, algo difícil de explicar, algo cercano al inconsciente. A veces me dan ganas de calificar sus solos de pueriles, sin ánimo peyorativo, todo lo contrario, por su pureza. Monk es de los pocos que han sido capaces de expresar su propio universo particular con música, por eso la que él interpretó es tan personal, tan rara y tan maravillosa. Su forma de tocar el piano me gusta imaginármela como la búsqueda de unas notas que se esconden en la melodía, que sólo él sabe encontrar. Monk fue un ser diferente. Su estado de ánimo era inestable: podía dejar el piano y ponerse a bailar la música que tocaba la banda un día y otro encerrarse en sí mismo y no hablar sino con su música. Como sabía expresarse de maravilla con su piano, llevarte de visita a ese universo particular suyo, su forma de tocar no puede emularse. Si bien Monk es una inspiración para tantos y tantos músicos de jazz, no ha creado escuela. No podemos encontrar una veintena de músicos que suenen como él, como sí se pueden encontrar más de una veintena que suenen como Charlie Parker. Esto es consecuencia de lo anterior. Woody Allen, que ha utilizado la música de Monk en su cine (el disco Monk’s Dream aparece en su película Alice, de 1990, protagonizada por Mia Farrow) y se declara admirador de Thelonious Monk, ha llegado a comparar su caso con el suyo, en el sentido de que él también se sabe un creador muy valorado, pero nadie hace el mismo tipo de cine que él.


Grabado en tres sesiones el 25 de Junio, el 1 de Julio y el 18 de Agosto de 1959; fue publicado ese mismo año por el Dave Brubeck Quartet a través de Columbia Records. El álbum fue pensado como un experimento en el que se utilizaban distintos ritmos infrecuentes en la música Jazz. En un principio, el disco recibió críticas negativas por el uso de estos ritmos inauditos en el Jazz; pero se ha convertido en uno de los discos de este estilo musical más conocidos de la historia. El titulo “Time Out” ya nos tendría que haber puesto al menos en aviso, pero si quedaban dudas arrancan los fuertes matices clásicos del tema “Blue Rondo à la Turk”. Y es ciertamente un toque blusero que toma como primeriza base a la conocida “Marcha Alla Turca” del virtuoso compositor clásico Wolfgang Amadeus Mozart. Bello y experimental tema sin ningún mínimo desperdicio. Le sigue la colorida balada con aires a vals llamada “Strange Meadow Lark”. No dejar pasar de largo al estupendo y cálido solo del saxofonista Paul Desmond. Sinceramente una delicia. Sale a nuestro encuentro el ya standard “Take Five”, compuesto por Paul Desmond. Sin lugar a dudas una de las piezas más populares de la obra. Sin embargo hacer notar el extenso e imperecedero solo del baterista Joe Morello. “Three to Get Ready” sigue en la línea clásica y del vals, donde todo es tan ajustado que parece no poder haber sido mejor concebido. Por cierto, aquí hay rienda suelta al amplio y magnifico imaginario de Dave Brubeck. Pegadito viene el tema llamado “Kathy’s Waltz”, parecido a simple oída al anterior, aunque ya sabemos todos que eso no es cierto y así es que nos dejamos llevar sin más por estos virtuosos. Dulce, grande y a su vez pequeña, pero nunca subestimada. Continúa con “Everybody’s Jumpin’”, donde se derrocha swing a desparpajo y para todos los gustos. Clara muestra de la maestría del cuarteto a pleno. Ya en el final nos encontramos con el tema titulado “Pick Up Sticks“, del cual podría remarcar la maravillosa labor de Eugene Wright en el contrabajo, dándole un cierto aire “smooth” del todo irresistible.


Hace su entrada a este humilde reducto de descarada piratería, un grande entre los grandes, un verdadero genio musical que eligió el jazz como vehículo de sus impulsos creativos y el antirracismo como bandera de su discurso, es que cuando por tus venas corren litros de herencia sueca, china, británica y afroamericana, en un contexto totalmente discriminatorio la raza si es tema. Desde que era pequeño, Mingus conoció el rigor de la pobreza y la discriminación racial y social, de hecho nadie se explica cómo es que un pendejito flaite tuvo temprano acceso a influencias musicales vanguardistas europeas que más tarde mezcló con jazz dando origen a su particular estilo. Intentó tocar el trombón pero alguien le dijo que ese no era un instrumento adecuado para negros por lo que se decidió por el contrabajo, llegando a un nivel tan fluido de ejecución que podía "hablar" a través del mismo (tal como cuenta en esta genial entrevista). Llegó a tocar con la mítica orquesta de Duke Ellington, de la que lo echaron por golpear al trombonista, que lo atacó con un cuchillo (así de rígidos eran estos jazzmen). Con el tiempo llegó a desarrollar un estilo único el cual fue ubicado en lo que se llamó " Tercera Corriente"(jazz + música clásica),componía endiabladas partituras que eran verdaderos rompecabezas para los pobres músicos que tenían que descifrarlas, llevándose muchas veces el reto del malhumorado Mingus por tocarlas mal. Cuando lo lograban sin embargo, el resultado valía la pena el esfuerzo porque tal como queda demostrado en el disco que hoy les traemos, lo de Mingus es más que solo jazz o partituras complicadas, es ante todo música ,fresca, creativa, melancólica y bailable ,tan universal como el discurso de justicia social de Mingus. Si eres de los que consideran al jazz aburrido, complicado o antiguo, dale una oportunidad a este disco y escucha como grita Mingus en el primer tema, es puro rockn roll.


Blue Train, qué disco: enorme, grandioso. Si lo tuviera que describir brevemente diría: los mejores músicos de jazz que jamás hayan existido y tocando en su mejor momento. Blue rain es un estándar, el sonido hardbop por excelencia. No es un disco de Coltrane sino, entenderme, el trabajo de una generación de jazzeros irrepetibles. Escuchar los giros de la trompeta de Lee Morgan, los fondos de batería y acompañamiento de Philly Joe Jones y del resto de compañeros del sexteto, nos invita imaginariamente a adentrarnos y tomar una copa o un refresco en cualquier club de jazz neoyorquino de la época. Más calificativos creo desvirtuarían esta obra maestra.


Obra celestial, imprescindible entre imprescindibles, música afrodisíaca  inspiración divina, la mejor venta no sólo de Miles sino de toda la historia del jazz, una de las obras que jamás se hayan grabado. Esto y mucho más se ha dicho de "Kind Of Blue". Su reputación es tal que en cierta manera ha dejado de ser un simple disco para convertirse en un mito. Pregunta: ¿Qué LP regala Julia Roberts a Richard Gere en "Novia a la fuga"? Respuesta: ……………. Bravo, acertaron. Eludiendo comentarios extra musicales, "Kind Of Blue" es una de las obras fundamentales de Miles Davis, sin ninguna duda. Su éxito entre los aficionados al jazz tal vez sea debido a que esta obra se sitúa en el punto de equilibrio idóneo de la balanza formada por las diversas corrientes jazzísiticas. Aceptado de la misma forma por aquellos (crítica y público) más reaccionarios que por los otros más intransigentes, así como un disco perfecto para atraer la atención de los no iniciados al jazz. "Kind Of Blue" sigue desarrollando el concepto "modal" iniciado ya por Miles en "Milestones". Concepto desarrollado por George Russell, en el cual el intérprete improvisa sobre una serie de escalas, en vez de hacerlo sobre acordes o armonías (como habitualmente se practicaba). Aparte del enfoque musical "modal", las composiciones eran totalmente originales, y los músicos por tanto desconocían previamente tales composiciones, sin ningún ensayo previo y estando los intérpretes dotados de contundentes aptitudes creativas (lo que podría haber llevado a una confrontación de egos), podría haberse esperado cualquier resultado. Pero todo se desarrolló perfectamente. Allá cada uno buscando donde reside la magia del disco (tratamiento modal, equilibrio, serenidad, belleza, sencillez) Sin embargo hay quien no encuentra todo perfecto, el trompetista Enrico Rava le encuentra un inconveniente al disco: ¡la portada! ¿Qué decir de los temas que conforman el disco? ¿Cuántos "Kind Of Blue" existirán si consideremos las innumerables veces que se han hecho y se harán esos temas? ¿La eternidad no consiste en una continua rememoración? Aunque en los créditos solo se atribuya a Miles Davis como compositor de los temas, Bill Evans aportó "Blue In Green" y en "Flamenco Sketches" participó junto a Davis en su composición. También se merece pues Evans su participación eterna.



miércoles, 4 de abril de 2012

Pensamiento


En el día a día de la vida te vas encontrando con gente buena y gente no tan buena. A estos últimos los voy a obviar. Pero la gente que merece la pena, la que está feliz cuando tú lo estas, y la que se entristece al mismo tiempo que tú, es a la que va dirigida esta carta. Bueno realmente no es una carta, es un pensamiento que voy escribiendo al mismo tiempo que lo voy pensando. Es cierto que muchas veces pienso eso de:”cuanto más conozco al ser humano, más quiero a mi perro”, pero son rabietas temporales, provocadas con algún pequeño altercado con alguien puntual. Realmente en la vida hay personas maravillosas que cuando menos te lo esperas, saltan y se te ponen delante de ti, demostrándote que el ser humano es capaz de brillar a niveles impensables. Cuando tienes una pequeña alegría y piensas que no le importa a nadie, y te sorprendes con que esta también alegra a un montón de tus amigos. Ojala tenga tiempo y medios para devolver a todos ellos todo o parte de lo que me han dado. Seria maravilloso.   

lunes, 31 de octubre de 2011

¿Que es el tiempo?


Como pequeño aprendiz de filosofo, que soy, hoy me pregunto, ¿Qué es el tiempo?, el tiempo en sus definiciones académicas es “La magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema internacional es el segundo.” No me puede valer debido al axioma que dice que: Lo esencial de la filosofía, está en que esta, se cuestiona las cosas con una mayor amplitud de acción, que el resto de las ciencias”.
El propio enunciado de la definición, ya nos habla de magnitud física. Claro error, pues para definir algo, nunca nos remitiríamos a magnitudes, “El agua nunca se definiría por litros, o el calor por grados”.
Otra definición más, incluida en la teoría de la relatividad, nos habla de que el tiempo es la cuarta dimensión, aunque el tiempo en la teoría de la relatividad no es una dimensión espacial más, ya que fijado un punto del espacio-tiempo éste puede ser no alcanzable desde nuestra posición actual, hecho que difiere de la concepción usual de dimensión espacial. 
Entonces ¿Qué es el tiempo? ¿Podría ser algo inventado por el hombre, que le permitiera definir la duración de las cosas sujetas a mudanza o bien la época durante la cual vive alguien o sucede algo?. 

domingo, 21 de agosto de 2011

La Iglesia, hoy.


Últimamente la Iglesia está considerada como un estamento en decadencia, antiguo y obsoleto en sus planteamientos, la religión católica es vista como una opción acabada, únicamente mantenida y seguida por unos ancianos y decrépitos personajes, anclados en un pasado lleno de reminiscencias, inmersas en las tinieblas. Ciertamente la religión católica no está de moda, tuvo sus años de apogeo en el pasado pero en la actualidad, solo es un reducto para algunos tristes visionarios.
Todo esto debidamente alentado y manipulado por ciertos sectores a los que no me voy a referir por simple indiferencia, es lo que se pretendía hacer creer a la sociedad actual. Entono el “mea culpa”, yo también tenía serias dudas al respecto. Pues bien, se hizo la luz: Con estos Días Mundiales de la Juventud, celebrados en Madrid, me he dado cuenta de “la gran falacia”, que nos querían hacer creer. Esos millones de jóvenes, niños casi, con esa sonrisa perenne, sus cantos joviales y esa alegría reflejada en la cara, que por oposición a cierta juventud, que aunque minoritaria se deja oír más en los telediarios, nos da un rayo de luz a nuestras vidas, que hace que veamos todo de diferente manera.
Resulta que la religión católica no es que no esté acabada y sea triste y sombría en sus planteamientos, es que es lo más moderno y actual que existe. Está llena de luz, amor y alegría, y me congratulo, agradecido a Jesús, de pertenecer a ella.  

domingo, 14 de agosto de 2011

Ateos


Es de todos sabido que el término ateo, es el que como idea religiosa niega la existencia de Dios. Simple y llanamente, ¿verdad?, pues no. Yo al menos distingo dos tipos de ateos muy diferentes entre sí: el ateo autentico y el ateo profesional.

El ateo autentico, reconoce y respeta al creyente, sea este de la religión que sea. No hace gala de su ateísmo, y como si fuera una religión más, en su interior, en el templo de la razón, se auto-convence en sus no-creencias. Prácticamente no hace apología, y jamás insulta o menoscaba los principios y personas que no comulgan con su no-creencia.
El ateo profesional, es el que grita en público y en privado, contra todas las religiones, (especialmente la católica), esgrimiendo autenticas falacias mentiras, mitos y demagogias, con el fin de atacar, menospreciar, y ridiculizar, al que no piensa como él. En algunos casos las palabras dan pie a los hechos, todos recordaremos no hace mucho tiempo, la toma de iglesias por parte de algunos jóvenes, destrozando enseres, y atacando físicamente al oficiante de la misa, ¡cuidado! Esto me suena de antes, ¡ah! Si. Los inicios de los nazis en Alemania cuando entraban en Sinagogas haciendo exactamente lo mismo, posteriormente se marcaba a los judíos y sus posesiones... pero no sigo, todos sabemos (o deberíamos saber) como terminó.

El otro día leí, que los “indignados” estaban planeando una marcha para atacar las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), y hacerle saber al Papa que no es bienvenido, en Madrid. ¿Alguien puede decirme que le ha hecho la Iglesia Católica a “los indignados”?  ¿Qué tiene que ver la Iglesia con la crisis económica en España? Bueno salvo que la entidad Caritas, que pertenece a la Iglesia está ayudando a varios miles de familias necesitadas en España. Caritas y las pequeñas parroquias, no vaya usted a ninguna sede de partidos a pedir ayuda. Ahí..no. ¡Ah! claro los gastos que representan para todos la visita del Papa, pues bien hermano, teniendo en cuenta que la visita se sufraga en un 85% con aportaciones privadas, queda el 15% correspondiente a policía y limpieza. Muchísimo menos que los citados “indignados” nos han costado hasta ahora, o como en un partido de futbol, de alto riesgo. No quiero hacer demagogia (seria caer en lo que yo tanto odio) y citar los ingresos extras que dos millones de personas suponen para Madrid (España entera), alojándose, comiendo, bebiendo y haciendo turismo.

En términos futbolísticos, algo que en este país, se entiende muy bien, (hoy me estoy refiriendo mucho al futbol, no debo estar inspirado) el ateo profesional, va al campo, pero del rival, para así poderse pasar el partido gritando, que malos son los jugadores de este equipo. Mientras que el ateo autentico iría a su propio estadio a animar a los  suyos propios.

Yo particularmente cuando algo no me gusta, procuro no hablar de ello, pienso que están equivocados y ahí queda la cosa. El ateo profesional dedica todas sus fuerzas y conocimientos, (a menudo muy escasos) a atacar al creyente. Si les acorralas un poquito, es muy fácil, basta con tener un mínimo de cultura, dan un giro cirquense afirmando que ellos no tienen nada malo contra los fieles, y sí contra la Iglesia y sus gobernantes…. Patético.

Yo no estoy de acuerdo con ninguno de ellos pues soy cristiano creyente, pero desde este humilde blog quiero dar un abrazo y extenderles todo mi respeto al ateo autentico.

En cuanto al otro, al profesional…..desprecio.


viernes, 12 de agosto de 2011

¿Donde está La Codorniz del Siglo XXI?


¿Por qué en España no hay prensa humorística? ¿Es que no hay hueco en el kiosco para La Codorniz del siglo XXI? Es verdad que todavía hoy sobrevive El Jueves, pero no puede decirse de que sea la sucesora de La Codorniz porque dista mucho de ser "la revista más audaz para el lector más inteligente". Murió Hermano Lobo y apenas sobrevivió El Cocodrilo de Alfonso Ussía.

¿Por qué ocurre esto aquí que siempre ha habido buena sátira política y magníficos humoristas gráficos? Hay una explicación bien sencilla. La actualidad, la información pura y dura, los despachos de agencia, sin necesidad de tocarles una coma, son tan graciosos que resultan imposibles de mejorar. ¿No me creen?
Así, a bote pronto, recuerdo lo de que la Universidad de Sevilla iba a permitir copiar en los exámenes, el discurso de Miguel Ángel Moratinos en lingala, lo de Maleni, que no quería presentarse por la "circuncisión" de Málaga, o cuando Zapatero dijo aquello de que la tierra es del viento, o lo de Bono, que siendo ministro de Defensa prefería morir a matar, o lo de la Pajín con la conjunción planetaria.
Ustedes dirán que eso no vale, que más de siete años de zapaterismo dan para mucho, pero lo discutible es que den para tanto como para hacer inviable un semanario de humor. Bueno, pues vean las siguientes noticias, que son todas de hace menos de una semana.
Según Ramón Jáuregui (¡Jáuregui, no Maleni ni Pajín!) ha dicho que a Zapatero lo recordará la Historia "porque con él se inició un camino difícil, pero se empezó a recuperar y resolvió problemas muy graves". No hay ironía que pueda mejorar semejante augurio de cuál será el juicio de la Historia sobre Zapatero.
Otra: "Marruecos reclama la mitad de los ingresos de La Alhambra de Granada". Se supone que tan brillante idea partió del ministro de Cultura marroquí. Es verdad que la noticia ha sido desmentida, pero lo increíble es que haya que desmentirla porque, de no hacerlo, todos hubiéramos creído en su autenticidad.
Más: Blanco dice que los mercados desconfían de Rajoy porque aumenta la prima de riesgo cuando se anuncian elecciones anticipadas. Es verdad que, viendo que no se reía nadie en la rueda de prensa, el sujeto aclaró que se trataba de un chiste. Y ahí está lo gracioso, en cómo puede permitirse un ministro Zapatero gastar bromas por la agobiante situación económica que padecemos, entre otras cosas, por su culpa.
La última: Elena Salgado, tras recordar que le porcentaje de deuda con relación al PIB es superior en Alemania a lo que lo es en España, admitió que Alemania tampoco tendrá problemas en el futuro para pagarla. Ángela Merkel debe estar muy agradecida a Salgado por haber apoyado al poco fiable bono alemán.
Con semejante competencia, es imposible sacar con éxito un semanario de humor. Cuando vengan tiempos más serios, si es que llegan, veremos.

miércoles, 1 de junio de 2011

Algunas perlas de Leonard Cohen


1. «Abrí un libro (de Lorca) por casualidad en una librería de Montreal. Su mundo me resultaba muy familiar. Tenía la sensación de que allí estaba la razón de ser del lenguaje. Era como la música folk bañada por la luz de la luna».
2. «Empecé a escribir el día que murió mi padre. Recuerdo que plasmé mis sentimientos en un trozo de papel. Luego, rasgué una corbata de mi padre, metí allí el papel y lo enterré en el jardín. Fue la primera vez que establecí una relación entre la literatura y las cosas importantes de la vida».
3. «El sufrimiento me ha llevado donde estoy» (1970, poco antes de la publicación de Songs of love and hate)
4. «Traducir el Pequeño Vals Vienés (Take this Waltz)] me costó ciento cincuenta horas de trabajo y una depresión».
5. «No creo que este mundo acepte una solución. No creo que este mundo se solucione nunca. No creo que esto sea el Paraíso. Esto es el mundo y, como tal, seguirá torturado por conflictos».
6. «En cuanto a mis influencias, bueno, cometí el error de aceptar una oferta del periódico Los Angeles Times. Es enorme. Y ya que alguien se toma la molestia de dejarlo en mi puerta cada mañana, lo cojo con gran reverencia y lo abro. Necesitas cinco tazas de café para leerlo, no te deja mucho tiempo para hacer otras cosas».

lunes, 20 de diciembre de 2010

Ella


Lo que se promete, se cumple. Os dije que más adelante colgaría más fotos de mi perra Ella. Ya tiene casi un año, solo le faltan 15 días. Pues aquí están.

Abstenerse cacos....



Jugando...



y descansando...


¿a que es bonita?






martes, 2 de noviembre de 2010

Una historia de guerra


Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.


Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.


Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.


Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.


viernes, 11 de junio de 2010

«¿Qué voy a hacer ahora?»


El segundo gintonic, Pencho se vuelve hacia mí. Hace quince minutos que aguardo, paciente, esperando que se decida a contármelo. Por fin hace sonar el hielo en el vaso, me mira un instante a los ojos y aparta la mirada, avergonzado. «Hoy he cerrado la empresa», dice al fin. Después se calla un instante, bebe un trago largo y sonríe a medias con una amargura que no le había visto nunca. «Acabo de echar a la calle a cinco personas.»

Puede ahorrarme los antecedentes. Nos conocemos hace mucho tiempo y estoy al corriente de su historia, parecida a tantas: empresa activa y rentable, asfixiada en los últimos años por la crisis internacional, el desconcierto económico español, el cinismo y la incompetencia de un Gobierno sin rumbo ni pudor, el pesebrismo de unos sindicatos sobornados, la parálisis intelectual de una oposición corrupta y torpe, la desvergüenza de una clase política insolidaria e insaciable. Pencho ha estado peleando hasta el final, pero está solo. Por todas partes le deben dinero. Dicen: «No te voy a pagar, no puedo, lo siento», y punto. Nada que hacer. Los bancos no sueltan ni un euro más. Las deudas se lo comen vivo; y él también, como consecuencia, debe a todo el mundo. «Debo hasta callarme», ironiza. Todo al carajo. Lleva un año pagando a los empleados con sus ahorros personales. No puede más.


Cinco tragos después, con el tercer gintonic en las manos, Pencho reúne arrestos para referirme la escena. «Fueron entrando uno por uno -cuenta-. La secretaria, el contable y los otros. Y yo allí, sentado detrás de la mesa, y mi abogado en el sofá, echando una mano cuando era necesario... Se me pegaba la camisa a la espalda contra el asiento, oye. Del sudor. De la vergüenza... Lo siento mucho, les iba diciendo, pero ya conoce usted la situación. Hasta aquí hemos llegado, y la empresa cierra.»


Lo peor, añade mi amigo, no fueron las lágrimas de la secretaria, ni el desconcierto del contable. Lo peor fue cuando llegó el turno de Pablo, encargado del almacén. Pablo -yo mismo lo conozco bien- es un gigantón de manos grandes y rostro honrado, que durante veintisiete años trabajó en la empresa de mi amigo con una dedicación y una constancia ejemplares. Pablo era el clásico hombre capaz y diligente que lo mismo cargaba cajas que hacía de chófer, se ocupaba de cambiar una bombilla fundida, atender el correo y el teléfono o ayudar a los compañeros. «Buena persona y leal como un doberman -confirma Pencho-. Y con esa misma lealtad me miraba a los ojos esta mañana, mientras yo le explicaba cómo están las cosas. Escuchó sin despegar los labios, asintiendo de vez en cuando. Como dándome la razón en todo. Sabiendo, como sabe, que se va al paro con cincuenta y siete años, y que a esa edad es muy probable que ya no vuelva a encontrar jamás un trabajo en esta mierda de país en el que vivimos... ¿Y sabes qué me dijo cuando acabé de leerle la sentencia? ¿Sabes su único comentario, mientras me miraba con esos ojos leales suyos?» Respondo que no. Que no lo sé, y que malditas las ganas que tengo de saberlo. Pero Pencho, al que de nuevo le tintinea el hielo del gintonic en los dientes, me agarra por la manga de la chaqueta, como si pretendiera evitar que me largue antes de haberlo escuchado todo. Así que lo miro a la cara, esperando. Resignado. Entonces mi amigo cierra un momento los ojos, como si de ese modo pudiera ver mejor el rostro de su empleado. Aunque, pienso luego, quizá lo que ocurre es que intenta borrar la imagen del rostro que tiene impresa en ellos. Cualquiera sabe.

«¿Y qué voy a hacer ahora, don Fulgencio?... Eso es exactamente lo que me dijo. Sin indignación, ni énfasis, ni reproche, ni nada. Me miró a los ojos con su cara de tipo honrado y me preguntó eso. Qué iba a hacer ahora. Como si lo meditara en voz alta, con buena voluntad. Como si de pronto se encontrara en un lugar extraño, que lo dejaba desvalido. Algo que nunca previó. Una situación para la que no estaba preparado, en la que durante estos veintisiete años no pensó nunca.»


«¿Y qué le respondiste?», pregunto. Pencho deja el vaso vacío sobre la mesa y se lo queda mirando, cabizbajo. «Me eché a llorar como un idiota -responde-. Por él, por mí, por esta trampa en la que nos ha metido esa estúpida pandilla de incompetentes y embusteros, con sus brotes verdes y sus recuperaciones inminentes que siempre están a punto de ocurrir y que nunca ocurren. ¿Y sabes lo peor?... Que el pobre tipo estaba allí, delante de mí, y aún decía: No se lo tome así, don Fulgencio, ya me las arreglaré. Y me consolaba.»


viernes, 21 de mayo de 2010

Vida en imagenes



Se trata de que después de ver este vídeo, seamos un poco más amantes de todo lo que nos rodea, animales, niños, naturaleza... conscientes que estamos inmersos en un mundo que tenemos que preservar y entregar a nuestros descendientes, al menos igual que lo hemos encontrado.


lunes, 17 de mayo de 2010

Ella



Esta es Ella, con tres meses, ya iré poniendo alguna foto más.





jueves, 29 de abril de 2010

Juzguemos la Historia



Ahora que vamos despacio, vamos a juzgar “la historia”. Cojamos un hecho que nos parezca delictivo y de lesa humanidad… por ejemplo el asesinato de Julio Cesar, recabamos información, nos documentamos sobre la época y las personas relacionadas en el asesinato y los hechos acaecidos y concluimos que Bruto es culpable de asesinato y coautor de la muerte de Julio Cesar. Bien con todo el trabajo realizado hacemos un ensayo literario, que sirva para documentar al que lo lea, e instruya a futuras generaciones sobre los dobleces de la historia. Correcto.

Pero si todo eso lo hacemos en un tribunal de Justicia, yo como juez quiero estar en primera página de los medios de comunicación y que se me admire por mi valentía a la hora de encausar grandes temas históricos, empleando medios públicos en la investigación, desoyendo las voces de los que me advierten que no estoy autorizados para juzgarlo y llegamos al mismo y tajante desenlace: Bruto es culpable… Habremos caído en clara prevaricación. Nadie va a negar la culpabilidad del encausado, nadie va a defender lo indefendible históricamente, lo que aquí se discute es la idoneidad del Juez para investigar y juzgar tales hechos.

En todo esto no pongo nombres, ni explico la similitud entre el ejemplo y actualidad. Que cada uno saque sus propias conclusiones.



lunes, 26 de abril de 2010

Tres álbumes para un suicida





A pesar del recuerdo romántico que algunos mantienen, los años setenta del siglo pasado fueron difíciles. O más propiamente dicho, estos años fueron menos fáciles de lo que se podía esperar de la feliz sociedad universal prometida por el american way of life, que atravesó por uno de sus peores momentos arrastrando en su crisis al resto del sistema capitalista.

Si la esforzada colocación de la bandera norteamericana por parte de unos marines en la isla de Iwo Jima, en Febrero de 1945, había supuesto el culmen de la popularidad de la nación-imperio, en los setenta, por el contrario, las pantallas de los televisores del gran hermano mostraron una visión nada confortable para el american dream: la imagen del último embajador norteamericano arriando la bandera USA en Saigón (Vietnam), la devaluación del dólar y el escándalo del Watergate, que acabó con la carrera del presidente Nixon, pusieron en solfa al sistema y los mass media zozobraron en un mar de dudas sobre la viabilidad del modelo americano.

Es en este contexto de crisis de valores, de revolución anunciada cada mañana (aunque siempre inconclusa), en donde se forja la leyenda de Leonard Cohen, un escritor y cantante canadiense que tuvo un relativo éxito popular en aquellos años. Sus canciones eran tristes, deprimentes y sólo un reducido número de incondicionales se aglutinaban en torno a su obra musical, como fue el caso de Robert Altman, uno de los directores de cine «malditos» en Hollywood, que utilizó varias de sus canciones en la película McCabe & Mrs. Miller (1971), obra de culto que contó con una interpretación magistral de Julie Christie y el aceptable acompañamiento de Warren Beatty, actor cuya ideología comunista era bien conocida.

Cohen nació en Montreal el 21 de septiembre de 1934, hijo de una familia judía de clase acomodada. Vivió en Londres, Oslo, Cuba (de aquel tiempo es la frase: «…donde destruí mi barba en las Playas de Varadero, quemada en nostalgia e ira por el Fidel que antes conocía»), y en la isla de Hydra (Grecia). Su labor creativa se inicia en la literatura: en 1956 —todavía estudiante— había publicado su primer libro de poemas Let Us Compare Mythologies y en 1961, ya licenciado, consiguió el reconocimiento internacional con una segunda obra, The Spice-Box of Heart, dedicada a la memoria de su padre; la desaparición de éste (en 1944) marcará, sin duda, toda la obra literaria de Cohen, convirtiendo el hecho irremediable de la muerte en una de las categorías principales que inspira sus obras.

La capacidad literaria del canadiense fue un valor determinante para su posterior obra musical. Ya a los 17 años había formado un trío de tendencia country-western llamado The Buckskin Boys, estilo musical que siempre lo definió a pesar de la posterior utilización de teclados y sintetizadores. Cohen publicó su primer L.P. —Songs of Leonard Cohen—, en 1968, vinilo en donde deleitó con canciones como Suzanne, un poema escrito en tercera persona —recurso muy querido por Cohen— que transcurre en un encuentro durante un viaje por un río; en la canción, una guitarra acústica fluye como el agua y las voces femeninas del coro subliman el encuentro con una mujer, tan bella que hasta el propio Jesucristo se rinde al deseo de viajar con ella. En Sisters of Mercy («Hermanas de la Caridad»), otro de los cortes de este vinilo, despliega una sensualidad turbadora —que remarca el sonido de unas campanillas—, juega con el equívoco entre el amor terrenal y el amor a Dios («Ellas tocaron mis dos ojos y yo toqué el rocío en sus dobladillos…») y trasmite la paz de haber encontrado un lugar en donde soldar los fragmentos del alma rota por la familia y el desamparo, concepto que anticipa la futura creencia zen del canadiense. Con So Long, Marianne («Hasta luego, Marianne», canción que recoge, seguramente, los últimos momentos de su relación con Marianne Jensen, a quien conoció en la isla de Hydra) Cohen relata, esta vez en primera persona, una despedida con la voz crispada, al borde de la extenuación. Este estilo «confesional», intimista, es el signo inconfundible de su obra y uno de los motivos, sin duda, de la fascinación que despierta su voz. En So Long, Marianne la incomprensión y la soledad en el amor, otro de sus temas recurrentes, volaban subrayadas por una partitura musical algo más elaborada y compleja —en donde podemos escuchar un bello acompañamiento de mandolina— que en las anteriores canciones comentadas.

A pesar de su triste y ensimismada voz y la sencillez extrema de la música de sus primeras canciones, con este disco Cohen dejó muy claro que la música del siglo XX había encontrado a uno de sus mejores creadores. Songs of Leonard Cohen es la piedra angular de una prolífica carrera creativa, en donde la poesía y la música se identifican con una fórmula que conmueve profundamente y que muchos confesaron que no podían resistir sin desequilibrarse. Se llegó a decir, incluso, que de día era imposible escuchar a Cohen...

Después de esta premier publica, en 1969, Songs from a room («Canciones desde una habitación»). El autor del libro de poemas titulado Flowers for Hitler («Flores para Hitler»), sorprende ahora al mundo con una canción bellísima —El partisano—, un canto militante en contra del fascismo que demuestra hasta qué punto ha robustecido su conciencia política. En El partisano —confieso mi debilidad personal por esta canción— Leonard Cohen trasciende el «individualismo burgués» y cuenta la desgarrada historia de un campesino francés que ha perdido a su mujer e hijos y empuña las armas en contra de los nazis. Cantada en inglés y francés, el ritmo agitado de la guitarra y la eficacia de la voz de coro, apoyan unos versos escuetos, impactantes: el mundo de Cohen se abre a la lucha en contra del nazismo y, por extensión, de todas las barbaries cometidas por el ser humano.

La revolución, sin embargo, es algo más que una pintada en París. «Seamos realistas, pidamos lo imposible» o «Paren el mundo que me quiero bajar» son graffitis que visten las calles de la capital francesa en mayo de 1968, pero el enfrentamiento contra el sistema es algo más complejo, puede resultar, incluso, refinado. La teoría marxista, puesta en solfa por las nuevas corrientes de opinión, al parecer no tiene —por sí sola— capacidad de interpretar la realidad objetiva y, de esta forma, libros que anuncian la libertad personal, la revolución interior, se convierten en manuales de cabecera para amplios sectores sociales que buscan una solución definitiva a los males que aquejan a Occidente. Baste, quizá, señalar el éxito de ventas, en este período, del libro Miedo a la libertad (Erich Fromm-1941) para ilustrar esta opinión. El sentido épico de la historia se sustituye, paulatinamente, por un concepto global de revolución, una actitud de cambio que reclama —como ya anticiparon el Renacimiento y el Romanticismo— a la persona como protagonista individual de su destino. Jean Paul Sartre —implacable— diría, en 1982, que «El poder es una de las formas esenciales del mal». Hombre y poder…, ahí radica una de las antítesis a debate en este momento de la Historia. Cohen, poeta —no lo olvidemos—, tiene ya mucho de este camino andado y en Bird on a Wire («Pájaro en el cable»), otra de las composiciones de este álbum, canta las exigencias de la postura personal, la compleja dificultad de las personas sencillas para vivir la nueva revolución. En esta canción algunos han creído descubrir la intención —como en otras composiciones de Cohen— de conducir al público a la depresión, la manifestación tan sólo de la expresión de una «terapia sicológica» o comentan la voz «opaca» del canadiense en la misma como una muestra de sentimientos de autodestrucción; sin embargo, el canadiense expresa con ella un lamento propio, una expresión de su propia frontera personal ante el reto de los tiempos que le vienen dados. Así, sincero y directo, canta que es «como un borracho en un coro de medianoche» y que ha intentado, a su manera, ser libre. La imagen anterior ilustra sobre la capacidad de identificación del cantante con la «desesperanza positiva» de su tiempo.

Dos años después, en 1971, Leonard Cohen publica un nuevo disco. Songs Of Love And Hate («Canciones de amor y de odio»). De este tercer disco, escojo en primer lugar Avalanche, una composición que reflexiona sobre las circunstancias sobrevenidas. La vida no sólo da disgustos, sino que —en ocasiones— regala la posibilidad de flirtear con el «poder» o la «posesión» y ofrece un momento de gloria: («Y no me ames con tanta fuerza ahora / cuando sabes que no estás segura. / Es tu turno para amar, mi bienamada, / es tu carne que yo llevo como vestido»). En esta canción Cohen repite la obsesiva guitarra de El partisano, que sirve con eficacia a la historia que cuenta. En la soledad extrema (quien haya visto McCabe & Mrs. Miller, convendrá seguramente en lo que digo) quizá hay una sola oportunidad de ser.

Concluyo con estos tres vinilos suicidas comentando otra excelente canción de este disco de amor y odio: Diamonds In The Mine («Diamantes en la mina»), una sardónica interpretación de Cohen en donde refleja parte de la fractura que la guerra había producido en la sociedad norteamericana. También en la sátira política está la poesía. Sonido country para una letra que nos habla de la mujer que nunca quisiéramos ser o nunca quisiéramos tener. Un coro de cafetín y una guitarra de punteo subrayan una reflexión en donde el fracaso personal y el colectivo se estrechan la mano: «Y no hay cartas en el casillero del correo / Y no hay uvas en la viña / y no hay bombones en tus cajas ya nunca más / y no hay diamantes en la mina. / Creo que te lo dije todo / en los días del Vietnam / cuando tus poetas marchaban por el Tío Ho / y tus estranguladores profesionales por el Tío Sam. / Pero decidimos que no podíamos escoger hoy / qué canción podríamos cantar / con todo ese hedor de cadáveres / que está soplando en el viento…»

Leonard Cohen, canadiense, poeta y cantante, tiene un oscuro y complicado record. En los años setenta, los mismos años que algunos recuerdan con nostalgia pero que fueron difíciles, varios suicidas habían escuchado un disco de este autor, antes de matarse. ¿Cuál fue la última canción que escucharon? Lástima que Cortázar haya muerto y que no escribiera un cuento sobre esto. Es evidente que un poeta no puede tener la culpa de una decisión de este calibre, pero el hecho alimentó la leyenda de que las canciones de Cohen inducían a la depresión y eran potencialmente «peligrosas». Los tiempos eran así y la literatura y la música cambiaban a la gente, eran artes que todavía tenían fuerza para situarnos frente al espejo. Eran años en que todavía se buscaba el «Yo». Cohen fue uno de los voceros de aquella revolución cultural que aspiró a transformar a la persona en toda su dimensión y que, paradójicamente, alumbró una sociedad consumista con el rostro deformado por la degradación del humanismo y la destrucción de toda forma de ética que no incluyera el principio de la máxima ganancia. Leonard Cohen, el poeta-cantante, sólo tuvo que abrir la caja de Pandora de sus sentimientos íntimos para que pudiéramos vernos reflejados en ellos. Hubo un tiempo en que se escuchaba, aunque fuera para morir después…